UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005

HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA

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INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





lunes, 30 de julio de 2012

Martes 31 de Julio : San Ignacio de Loyola -




San Ignacio de Loyola
1491 – 1556 . La cualidad primordial de San Ignacio de Loyola fue el equilibrio en medio de la grandeza: equilibrio superior de las facultades y equilibrio del hombre de acción y contemplativo.
Las etapas principales de la vida de Ignacio jalonan el itinerario de la acción profunda que ejerció sobre su tiempo: el nacimiento en el País Vasco de una antigua familia de caballeros hacia el 1493; la herida de Pamplona (1521); la fundación de la Compañía de Jesús en París en la colina de Montmartre (1534); la aprobación romana (1540), que señala el comienzo de una actividad fuertemente coordinada hacia la resistencia ofrecida al Protestantismo, y, sobre todo, hacia el trabajo en servicio de la Reforma católica, la expansión misionera de la Iglesia y la educación cristiana de la juventud.    Mas, en la base de toda esta actividad, se encuentran los indecibles recuerdos místicos de Manresa (1523) y toda la experiencia espiritual, cuya imagen queda plasmada en los Ejercicios y en la pasión que sentía Ignacio por la mayor gloria de Dios, su amor varonil a Jesús y a Dios nuestro Señor  y su entrega incondicional a la Iglesia y al pontífice romano.
Con estos sentimientos moría Ignacio en Roma el 31 de julio de 1556. Todos podernos hacer nuestra la oración que él dirigía con frecuencia a Cristo: «Que te conozca íntimamente a fin de amarte con mayor amor y seguirte con más diligencia».   San Ignacio de Loyola, nacido en Loyola-Azpeitia (España), proyectó originalmente ser soldado, pero cuando un cañonazo francés destrozó su pierna, su carrera militar terminó abruptamente.
Digamos de pasada que su pierna fue recompuesta tan mal en un principio que tuvo que ser rota de nuevo y otra vez recompuesta, sin el beneficio de un anestésico.    Aunque San Ignacio sea el patrón de los soldados, también sería un buen patrón para los estudiantes reiterativos, pues tenía más de treinta años cuando volvió a la escuela y no se licenció hasta los cuarenta y tres.
Volver a la escuela no es tan raro hoy como en tiempos de Ignacio.   Los estudiantes más viejos tienen muchas ventajas sobre los más jóvenes. Como desean estar en la escuela, tienden a trabajar más y a aplicarse con mayor diligencia. Se toman en serio sus estudios porque se toman en serio a sí mismos.
Si San Ignacio pudo asistir a clases con estudiantes a los que doblaba en edad, para luego, además, fundar la Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas más importantes del mundo, todavía tienes tiempo para ser lo que deseas...

Oremos  
Señor Dios, que suscitaste en tu Iglesia a San Ignacio de Loyola para que extendiera más la gloria de tu nombre, concédenos que, a imitación suya y apoyados en su auxilio, libremos tambien en la tierra el noble combate de la fe, para que merezcamos ser coronados juntamente con él en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.